Haz que la vida que quieres sea la opción más fácil.

¿No les pasa que a veces sienten que podrían hacerlo mejor? Durante mucho tiempo, cuando veía que ciertas cosas de mi rutina no cambiaban, pensaba inmediatamente en mí: necesito ser más organizada, más constante, más saludable, más creativa, más tranquila.

Como si entre la person que soy y la persona que quiero ser existiera únicamente un problema de voluntad. Pero mientras más entiendo la influencia que tienen los espacios sobre nosotros, más me doy cuenta de que no todo depende de querer algo lo suficiente.

Estas últimas semanas he estado modificando muchos de los espacios que habito. He ordenado, descartado, movido cosas de lugar, creado pequeñas estaciones y pensado con más atención qué necesito tener a mano y qué ya no quiero ocupando espacio visual.

Al principio parecía solamente un proyecto de organización. Pero poco a poco me di cuenta de que en realidad estaba intentando responder otra pregunta:

¿Cómo tendría que estar diseñada mi vida para que ser la persona que quiero ser resulte un poco más fácil?

Porque querer algo no significa necesariamente haber creado las condiciones para hacerlo.

Podemos querer leer más y tener todos los libros guardados en un lugar incómodo. Querer hacer ejercicio y tener que mover cinco cosas antes de encontrar el equipo. Querer comer mejor y dejar fuera de vista justo aquello que queremos consumir. Querer crear, pero no tener una superficie libre donde empezar.

Y después, cuando no sostenemos esas conductas, pensamos que nos falta disciplina.

A veces sí hace falta constancia, por supuesto. Pero otras veces también hay demasiada fricción entre nosotros y aquello que queremos hacer.

El entorno también participa en nuestra conducta

Los espacios no son completamente neutrales. Nos recuerdan cosas, nos distraen, nos facilitan ciertas acciones y dificultan otras.

Mientras avanzo en mi formación en Psicología, he empezado a interesarme especialmente por la psicología ambiental, un área que estudia la relación entre las personas y los espacios físicos y sociales que habitamos.

Una de las cosas que más me interesa de este campo es comprender que el entorno no funciona solamente como escenario de nuestra vida. La manera en que percibimos y experimentamos un espacio puede relacionarse con nuestra atención, nuestras emociones y nuestras conductas.

Desde las ciencias del comportamiento también aparece una idea relacionada: la arquitectura de elección. La forma en que está organizado un entorno puede hacer que ciertas opciones sean más visibles, accesibles o sencillas que otras.

Esto no significa que un espacio determine automáticamente lo que vamos a hacer, ni que sustituya nuestra voluntad. Pero sí puede facilitarnos algunas decisiones o añadirles fricción.

Un sillón junto a una lámpara y un libro puede convertirse en una invitación a leer.

Una mesa permanentemente saturada puede hacer que comenzar un proyecto implique primero ordenar durante veinte minutos.

Una botella de agua visible puede recordarnos beber.

Un cajón incómodo puede hacer que poco a poco dejemos de utilizar aquello que guardamos dentro.

Parecen detalles pequeños, pero estamos rodeados de ellos todos los días.

Y cuando una conducta tiene que repetirse muchas veces, una pequeña fricción deja de ser tan pequeña.

Tal vez no necesitas exigirte más

Una de las ideas que más me ha servido últimamente ha sido cambiar la pregunta.

En vez de pensar:

¿Cómo hago para obligarme a hacer esto?

intento preguntarme:

¿Cómo puedo hacer que comenzar sea más fácil?

No se trata de eliminar cualquier esfuerzo de la vida. Tampoco creo que podamos diseñar un entorno perfecto donde todo ocurra automáticamente.

Pero sí podemos dejar de añadir obstáculos innecesarios.

Si quiero moverme con más frecuencia, puedo dejar accesible lo que necesito.

Si quiero crear, puedo proteger una superficie donde sentarme a trabajar sin tener que reorganizar media habitación.

Si quiero sentir más calma, puedo reducir parte del ruido visual que constantemente reclama mi atención.

Incluso algo tan sencillo como preparar desde la noche anterior aquello que voy a necesitar puede evitar una negociación mental más al día siguiente.

Últimamente pienso mucho en eso: en dejarle pequeñas facilidades a mi versión futura.

Como si cada decisión dijera:

cuando llegues aquí, quiero que tengas un poco menos de trabajo.

Me gusta pensar que eso también es una forma de cuidarnos.

Diseñar no es solamente hacer algo bonito

Como diseñadora, llevo años pensando en composición, jerarquía, color, función y experiencia.

Pero hasta hace relativamente poco empecé a mirar mi casa con preguntas parecidas.

Ya no me interesa solamente pensar:

¿Cómo quiero que se vea este lugar?

También:

¿Qué quiero que pase aquí?

¿Quiero leer? Entonces, ¿hay un lugar donde realmente me provoque hacerlo?

¿Quiero crear? ¿Tengo dónde empezar?

¿Quiero conversar más? ¿Existe un lugar agradable donde quedarse?

¿Quiero descansar? ¿El espacio se siente como un lugar de descanso o sigue recordándome todo lo pendiente?

Un espacio bonito puede producir placer, claro. Pero un espacio bien pensado también puede apoyar una intención.

Y esa idea ha cambiado bastante la manera en que entiendo el diseño.

La estética no tiene que existir separada de la vida. Puede estar a su servicio.

Lo que me habría gustado entender antes

Si estás intentando cambiar algo de tu vida, quizá antes de hacer otra lista de hábitos podrías observar tu entorno.

No para culparlo de todo, sino para detectar dónde estás haciendo más difícil algo que ya de por sí requiere esfuerzo.

Puedes empezar con una pregunta:

¿Qué versión de mí quiero facilitar?

Y después mirar alrededor.

¿Qué hace difícil comportarte como esa persona?

¿Qué requiere demasiados pasos?

¿Qué está guardado cuando sería más útil verlo?

¿Qué ocupa tu atención sin aportar demasiado?

¿Qué podrías dejar preparado hoy para que mañana tengas una decisión menos que tomar?

No necesitas remodelar una casa ni comprar organizadores nuevos.

A veces el cambio es ridículamente pequeño: mover un objeto, despejar una superficie, preparar una esquina, dejar algo listo, quitar un paso.

La idea no es construir una vida sin resistencia.

Es dejar de luchar innecesariamente contra nuestro propio entorno cada vez que intentamos avanzar.

Si tuviera que resumir todo esto en una sola idea, sería esta:

antes de exigirte más disciplina, revisa cuánta fricción existe entre tú y la conducta que quieres sostener.

Diseñar para nuestra versión futura

Creo que hablamos mucho del cambio personal como si todo ocurriera dentro de nosotros.

Pensamientos. Motivación. Disciplina. Identidad.

Todo eso importa.

Pero también vivimos entre objetos, habitaciones, pantallas, sonidos, horarios, rutas y pequeñas decisiones que se repiten todos los días.

Y quizá convertirnos en quienes queremos ser también implica mirar esas cosas con intención.

Yo todavía estoy probando.

Mi casa sigue cambiando. Mis sistemas también. Algunas ideas funcionan muy bien y otras duran unas semanas antes de que me dé cuenta de que tengo que mover todo otra vez.

Pero cada vez me interesa menos construir un espacio perfecto.

Quiero construir uno que me ayude a vivir.

Que las cosas que valoro tengan un lugar. Que empezar ciertas actividades requiera un poco menos de energía. Que mi entorno no esté compitiendo todo el tiempo con mis intenciones.

Quizá diseñar nuestra vida no significa tener control sobre cada detalle del futuro. A veces puede ser algo bastante más cotidiano: preparar mejor el terreno para aquello que queremos cultivar. Y ese terreno no está hecho únicamente de muebles, objetos o habitaciones. También está hecho de las ideas que repetimos, las palabras con las que nombramos lo que vivimos y las historias desde las que interpretamos quiénes somos y qué creemos posible.

Este mes he estado observando especialmente lo que ocurre afuera: cómo un espacio puede facilitarnos o dificultarnos ciertas maneras de vivir. Pero cada vez tengo más curiosidad por mirar también hacia adentro.

Porque quizá diseñar una vida implica ambas cosas: prestar atención al mundo que construimos alrededor de nosotros y al mundo que vamos construyendo dentro. Por ahora, puedes empezar mirando alrededor y preguntándote:

¿Qué podría cambiar aquí para que la persona que quiero ser tenga un poco más fácil aparecer?


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La importancia de tener un hobby que no necesita convertirse en nada